San Ignacio de Loyola, patrono de los ejercicios espirituales

El 31 de julio, la Iglesia católica celebra a San Ignacio de Loyola, fundador de la Compañía de Jesús, o Jesuitas, patrono de los ejercicios espirituales, los cuales tardó 15 años en escribir y, por ser una fuente de orientación espiritual para el discernimiento y la conversión, continúan vigentes.

Nació en el Castillo de Loyola, España en 1491 y su nombre de pila era Íñigo. Provenía de una familia noble y antigua del País Vasco. Como algunos nobles de la época, era conflictivo, violento y vivía una sexualidad irresponsable. De joven fue soldado y en una batalla contra las tropas francesas quedó gravemente herido, una bala de cañón lastimó sus piernas.

Durante su convalecencia leyó algunos textos sobre Cristo y la vida de los santos, lo que cambió radicalmente su vida.  Abandonó la milicia y constituyó una nueva orden religiosa, motivado por la Virgen María, quien se le apareció en varias ocasiones y a la cual se consagró para llevar una vida de sobriedad, peregrinación y meditación.

Fue un predicador tan entusiasta que quiso evangelizar a los musulmanes después de completar sus ejercicios espirituales, en el siglo XVI. Vivió sus últimos días en Roma y pudo ser testigo del crecimiento de su Compañía hasta 1556, año en que falleció. A la fecha hay cerca de 16 mil jesuitas, siendo uno de los más destacados el Papa Francisco, quien ha pedido que roguemos a este santo para encontrar una verdadera conversión de espíritu:

“Que San Ignacio nos enseñe la humildad que nos hace conscientes de que no somos nosotros quienes construimos el Reino de Dios, sino que es siempre la gracia del Señor que actúa en nosotros, frágiles vasijas de barro en las que hay un tesoro inmenso que llevamos y comunicamos.”

Los ejercicios espirituales han sido una pieza fundamental para aumentar la experiencia personal de la fe católica. Originalmente fueron diseñados para realizarse por un periodo de 28 a 30 días, pero actualmente se llevan a cabo mediante cursos que duran una semana.

Leer: San Ignacio, un buscador de Dios