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Corpus Christi: Jesús como alimento de vida, testimonio de fe y unión entre cristianos.

El jueves o domingo posterior a la solemnidad de la Santísima Trinidad, los católicos conmemoramos la fiesta del Cuerpo y la Sangre de Cristo, recordando que la Eucaristía es el regalo más grande que Nuestro Señor nos ha dado, pues creemos que ella es Cristo mismo y, por lo cual, celebramos con procesiones donde el Santísimo Sacramento es expuesto ante el pueblo de Dios.

Corpus Christi fue celebrada por primera vez en 1246 en Lieja, Bélgica, por inspiración de santa Juliana de Mont Cornillón, quien tenía visiones místicas de la Iglesia bajo la apariencia de la luna llena con una mancha negra, que significaba la ausencia de esta solemnidad.

El Papa Urbano IV la instituyó en 1264 y, mediante la bula Transiturus hoc mundo, ordenó que se festejara el jueves después del domingo de la Santísima Trinidad. Actualmente, en algunos lugares, la fiesta se traslada al domingo próximo por cuestiones pastorales o del calendario laboral.

Según algunos biógrafos del Santo Padre, en ese momento, el Papa encargó a santo Tomás de Aquino el oficio de la liturgia, quien compuso algunos himnos y secuencias propios para la Santa Misa de este día, los cuales se siguen entonando hasta hoy, por ejemplo: el Tantum Ergo y Lauda Sion.

Así es como la Iglesia católica proclama la presencia real y verdadera de Jesús en la Eucaristía. Sin embargo, las procesiones no forman parte de algún decreto eclesial, sino de la religiosidad popular, y conforman, junto con el folclor de cada pueblo, una costumbre muy singular de veneración a Cristo, quien venció a la muerte y resucitó para ser alimento de nuestras vidas y motivo de encuentro y unión con los demás.

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