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XXV años de Misioneros de Guadalupe en Cuba

Ph. D. Manuel de Jesús Zayas Sabatela

El municipio Santa Cruz del Norte, junto a otros de la zona, es uno de los territorios atendidos pastoralmente por los Misioneros de Guadalupe (MG). El trabajo con los sacerdotes MG se realiza de distintas formas: ayudando en las Misas y en la administración de distintos sacramentos, como el Bautismo y la Comunión, esta última al desempeñarse como Ministro Extraordinario de la Eucaristía, en particular para el servicio a los enfermos. Además, debemos mencionar el peregrinar cada domingo en las comunidades para celebrar Misa, tanto en parroquias como en casas de oración; esto se hizo primero junto al P. Alfonso Arceo L., MG, y, ahora, con el P. Enrique Arturo Álvarez M., MG.

Otra experiencia muy importante la constituyen las distintas procesiones que se realizan con motivo de las fiestas patronales en los distintos pueblos, así como el Vía Crucis realizado por las calles el Viernes Santo. Este último apenas se hizo el año pasado por primera vez y en las catorce estaciones se detuvo la procesión para hacer las lecturas correspondientes; creyentes y no creyentes paraban la marcha y con mucho respeto escuchaban el pasaje que se leía.

En la vivencia personal de la fe, con entrega a la Misión de la Iglesia, he tenido la suerte de colaborar con los padres MG: Alfonso Arceo, Enrique Álvarez, José Carlos Romero R., Joel Sevilla L. (que ahora es Superior de la Misión), Francisco Flores M., José Serafín A., Gilberto Escobedo S. (cuando era diácono). Así mismo, mi casa fue visitada por el P. Emilio Fortoul O. y lo ayudé en la Misa cuando visitó estas comunidades; fui acólito del P. Daniel Panduro F. cuando visitó este pueblo con motivo de sus Bodas de Plata sacerdotales, y tuve la oportunidad de conocer y conversar con el P. Raúl Ibarra H., Superior General.

La entrega generosa de los Misioneros de Guadalupe al sacerdocio y a la Misión en esta zona del país se materializa en el propio servicio eclesiástico. Cada sacerdote, teniendo en cuenta las realidades particulares de cada comunidad, trabaja para que llegue la Palabra de Dios a todos: fieles practicantes o no, creyentes o ateos. En este trabajo se comprometen también algunos miembros de la feligresía, quienes se convierten por derecho propio en misioneros laicos.

Mi experiencia misionera con los padres MG es amplia, porque he recorrido junto a ellos todos los pueblos en los cuales trabajan. En la actualidad se celebran Misas en las parroquias de Santa Cruz del Norte y Jibacoa, y en las casas de Misión de El Rubio, Machado Viejo, Machado Nuevo, Concuní y Boca de Jaruco, donde siempre ayudo.

Desde que el P. Enrique Álvarez llegó a este pueblo, hace casi tres años, ha recibido en dos ocasiones la visita del Card. Juan de la Caridad García Rodríguez, Arzobispo de San Cristóbal de la Habana; una de esas visitas ocurrió antes de ser creado cardenal. En ambas ocasiones, el arzobispo celebró la Eucaristía en las comunidades y las casas de oración, lo que nos dejó recuerdos inolvidables. En la segunda visita se administró el Sacramento de la Confirmación a un grupo fieles, y otro grupo de adolescentes y jóvenes recibió la Primera Comunión. Así mismo, el Card. García y el P. Enrique visitaron en su casa a una anciana de 100 años, ya que por su avanzada edad le es difícil asistir a Misa; ahí mismo se le administró el Sacramento de la Comunión.

Los sacerdotes MG también atienden a fieles de otras regiones que visitan el templo –tanto los que asisten a Misa porque vacacionan en el territorio, como los que trabajan en las distintas empresas de la zona–; frecuentan los hospitales para atender a quienes piden el Sacramento de la Unción de los Enfermos o la Confesión, y a las personas que están ingresadas aunque no sean católicos practicantes; y oran en funerarias y cementerios ante la realidad de la muerte.

De la misma manera, se hace uso de la representación de obras dramáticas con motivo de las fiestas navideñas o la Semana Santa, pues son una manera más de acercar al pueblo a la fe. Las obras se realizan con jóvenes laicos y se representan en las distintas parroquias, donde acude la feligresía para presenciar esos sucesos bíblicos.

Trabajar con MG en las comunidades prepara a las personas comprometidas en la fe para la pastoral en los pueblos, crea un nivel de compromiso religioso y de entrega al servicio sincero y desinteresado en favor de la Iglesia, además de brindar la posibilidad de vivir en carne propia la llamada que Cristo hizo a sus discípulos.

Estimados lectores, ¡nunca duden en seguir a Cristo! Ya sea como misioneros, ayudando en la parroquia, cantando en el coro, participando de la Comunión, pidiendo por la paz universal o, sencillamente, teniendo un corazón abierto y dispuesto, debemos creer en el Evangelio y entregarnos al servicio y la ayuda a quienes nos necesitan. ¡Recuerden que Jesús vino a llamar a los pecadores para que se conviertan! (Lc 5, 32).