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Recuerdos de Mashuuru

Claudia Beatriz Martínez Deolarte, ex MLA

Estimados lectores de Almas, quiero compartirles una experiencia significativa que tuve en Kenia. En Mashuuru estuve al frente de un internado para jovencitas maasai: Eselenkei Supat Mashuuru Girls Catholic Hostel. Previamente recibí entrenamiento con las Siervas del Sagrado Corazón de Jesús y de los Pobres, pues ellas tenían muchos años de trabajar en Kenia en escuelas con internados. Sus enseñanzas y su experiencia fueron de gran ayuda y nuestro internado se apegó a su modelo lo más posible.

Además de llevar la administración y contabilidad, atendí a las chicas en sus estudios y avance académico. El hecho de ser extranjera no siempre fue de gran ayuda, pues, aunque les causaba orgullo tener una administradora muzungu (blanca), al principio se acercaban con mucha cautela. Pero una vez ganada su confianza fue muy agradable escucharlas y conocerlas cada vez más.

Al convivir con ellas pude percatarme de sus necesidades académicas, personales y espirituales. Algunas de ellas ya estaban dadas en matrimonio, y otras manifestaban muy pocas esperanzas de superación, pues consideraban que al final de sus estudios terminarían casadas y se dedicarían a las labores tradicionales de toda mujer. Fue necesario animarlas y hacerles entender que los estudios les ayudarían a superarse y a tener mejores oportunidades en la vida.

Para atender sus carencias me di a la tarea de revisar con ellas temas de formación integral de acuerdo a su cultura, edad y necesidades más urgentes. Cada mes, o cada quince días si era posible, invitaba a doctores, religiosas, maestros y profesionistas de otras áreas para que les dieran charlas. Así mismo, iniciamos cursos de mecanografía y computación los fines de semana; al principio sólo teníamos una máquina de escribir y una computadora, pero poco a poco, con ayuda y donativos, obtuvimos más y pudimos realizar exámenes para comprobar sus avances.

En cada uno de los periodos escolares, el número de las estudiantes se incrementaba y pronto surgió la petición de que nuestro internado fuera secundaria para chicas. Tras algunos años se convirtió en la Eselenkei Supat Girls Catholic High School.

Cuando se acercó el tiempo de retirarme, enviaron a dos Hermanas del Instituto de las Hijas de Santa Ana, a quienes entrené para que conocieran el manejo del internado. Llegado el momento, hice entrega oficial en una ceremonia con las autoridades educativas locales, los padres de familia, los directivos de la secundaria, el P. José Bejarano Martínez, MG, director y párroco de la misión, así como la Superiora de las Hijas de Santa Ana.

La experiencia en Mashuuru me llevó a un gran encuentro con Nuestro Señor, a experimentar su presencia viva en todo lo que hacía. Ahí confirmé que Él estaba conmigo, nunca me sentí sola y obtuve la seguridad de que su presencia rebasaba toda complicación.

Que Cristo misionero y la Virgen de Guadalupe bendigan la tarea de los MLA y los Misioneros de Guadalupe para continuar beneficiando la vida de nuestros hermanos en otros países.