Misioneros de Guadalupe en la piel (1)

P. Jorge Cruz Ávila, MG

Mi nombre es Jorge Cruz Ávila, MG, y quiero compartirles un poco acerca de mi vocación. La inquietud surgió primero por la lectura de la revista Almas. Tenía 11 años, estaba en primaria todavía y, aunque no comprendía lo que significaba del todo ni sabía bien cómo era la vida en Misiones, yo quería ser misionero, sólo sabía que quería ser padre para la misión.

Tiempo después, cuando cursaba el último año de primaria, el padre José Álvarez Herrera, MG, visitó mi colegio. Yo estaba en el coro de la catedral y a la hora de los encuentros vocacionales (lo que ahora es el COV) tenía Misa y no podía asistir. Sin embargo, cuando salía de la catedral, rastreaba al P. Álvarez y, casi siempre en los campos de futbol y de juegos, platicábamos; así fue mi acercamiento a Misioneros de Guadalupe.

Comencé mi preparación al sacerdocio en la Ciudad de México, cuando ingresé al Seminario Menor y estudié la secundaria en el Colegio Simón Bolívar. En ese entonces la manera de formarnos era bastante estricta y la disciplina era lo primordial, ya después venía el juego, el deporte. Todavía vivía Mons. Alonso Manuel Escalante; el mío fue el último grupo que él aceptó.

Mons. Escalante siempre nos contaba historias y nos decía las cosas como si fuera el abuelo y nosotros fuéramos sus nietos. Hubo muchos detalles de esa época del proceso de formación que no se me olvidan.

Después de la secundaria estudié dos años de preparatoria en la Universidad La Salle, pero, debido a algunos cambios, el tercer año lo hice en el Colegio Cervantes, en Guadalajara, Jal. Cuando concluí la formación básica regresé a la Ciudad de México, donde llevé durante un año el Curso Introductorio al Seminario de Misiones (Cisemi), para luego estudiar Filosofía. En ese momento todavía no se fundaba la Universidad Intercontinental (UIC), por lo que la formación filosófica la recibíamos en el Instituto Intercontinental de la Universidad Iberoamericana. Ahí también cursé un año de Teología y después hice el Curso de Espiritualidad y Pastoral (Cespa), en Ixmiquilpan, Hgo. Por esos años se fundó la UIC, así que los siguientes años de Teología los cursé ahí y terminé mi formación.

Fui ordenado diácono en una placita de Los Ángeles, Cal., EUA, porque mis papás y todos mis hermanos (somos nueve en total) ya vivían allá. Me ordenó un obispo auxiliar y fue una experiencia muy bonita porque estuve acompañado por la comunidad de santa Teresita, que era, en ese tiempo, un barrio del centro de la ciudad.

Hice mi solicitud para realizar el servicio de diaconado en África. En ese momento sólo teníamos la Misión de Kenia, pero me encomendaron iniciar, junto con un padre, la Misión en Angola. Yo no sabía nada de Angola, incluso cuando me lo comentaron les pregunté: “¿Dónde queda?”. Comencé a investigar y averigüé que estaba en situación de guerra, que acababa de recibir la independencia y otras cosas. Se trataba de una Misión nueva y la experiencia sería parte de mi formación, así que pensé que estaba bien y ahí me inicié como misionero.

Continuará…