Actualice sus datos y reciba un obsequio

Jóvenes, ¡atrévanse a ir “contracorriente”!

Miriam Silva Cruz

Estimados Padrinos y Madrinas, mi nombre es Miriam Silva Cruz, estudié la carrera de psicología y la especialidad en psicoterapia Gestalt. Así mismo, soy parte del Club Misioneros de Guadalupe (MG) en la ciudad de Guadalajara, Jal., al que he asistido desde hace poco más de seis años y en el que ahora soy parte de la coordinación.

Me entusiasma tener la oportunidad de contarles sobre mi experiencia con Misioneros de Guadalupe. Debo admitir que, cuando llegué al Club MG, quedé asombrada al ver cómo los jóvenes del grupo eran tan cercanos con los sacerdotes a cargo, pues entre ellos llevaban una relación alegre, cálida y, al mismo tiempo, respetuosa. Me mostraron a un Dios amoroso, un Dios que perdona, que nos quiere pese a los defectos que tengamos. Es un Dios que puedo ver, escuchar y con quien puedo hablar por medio de cada uno de los integrantes del club.

Lo que más me motivó a quedarme en el Club MG fue el testimonio de los sacerdotes que en aquel momento participaban: el padre Héctor Andrés Pérez Torres, MG, y el padre Alijandro Álvarez Velázquez, MG. Su alegría, su entrega y su amor a Dios hicieron vibrar mi espíritu y me demostraron que ser católico no es aburrido. Me siento agradecida con los dos, ya que me hicieron sentir perteneciente a este lugar, y ahora eso mismo es lo que intento entregar a los jóvenes que asisten.

Para la preparación y formación de los jóvenes que asisten al Club MG el plan se divide en cuatro áreas: espiritual, pastoral, vocacional y humana, de la que actualmente estoy a cargo. En el Club MG hacemos varias actividades que enriquecen nuestras vidas. Una actividad central y significativa es ir a misiones en Semana Santa; otra más son los dos campamentos que realizamos al año. De igual manera, otras de nuestras actividades son ir a peregrinaciones, como en el Cerro del Cubilete, asistir a la Romería, celebrada el 12 de octubre en la Basílica de Zapopan, y organizar apostolados para apoyar a las personas más necesitadas de nuestro alrededor.

Con el Club MG viví mi primer campo Misión en Semana Santa, en el pueblo de Cedral, San Luis Potosí. Esa experiencia fue inolvidable y significó un parteaguas en mi vida, pues me enfrenté a una realidad diferente a lo que conocía en la ciudad. Ver la carencia en aquella comunidad hizo que valorara todo lo que tenía en casa. Así mismo, me sorprendió la alegría y la entrega de aquellos que llamamos “pobres”, quienes me recibieron en sus casas sin saber nada de mí y dieron lo mejor de ellos para alimentarnos aunque éramos unos desconocidos, además de confiar y escuchar todo aquello que salía de nuestras bocas. Esas personas me hicieron vivir en carne propia que los pobres son realmente ricos en espíritu y entendí porque “es más fácil que un camello entre por el ojo de una aguja, a que el rico entre en el reino de los cielos” (Mt 19, 24).

También gracias al Club MG conocí los campamentos y quedé fascinada. Es sorprendente que en tres días pueda haber grandes cambios en los jóvenes, incluyéndome. Uno de los testimonios que más recuerdo es el de una chica que llegó al campamento desanimada, con depresión; era reservada, con baja autoestima y un tanto antisocial. Fuimos acompañándola en el campamento y el proceso fue admirable: ver las sonrisas que le generaba el convivio con sus compañeros, que poco a poco se integrara a su equipo y que ellos le brindaran la seguridad necesaria para superar los retos. Fuimos testigos de la manera en que Dios transformó su corazón, ya que al final del campamento amaba la vida y tenía un corazón lleno gozo. Esta clase de experiencias me hacen sentir que todo el trabajo, la preparación, el cansancio y el tiempo dedicado valen la pena. Como decía el padre Andrés: “El tiempo dedicado a Dios nunca será tiempo perdido”.

No tengo palabras para describir todo lo que en el Club MG he vivido y aprendido, y no me bastarían las páginas para contarles cada una de mis experiencias. Lo que sí puedo decirles es que a partir de que estoy en el Club MG ha habido muchos cambios en mi vida, y aún sigo en mi proceso de conversión.

Quiero invitar a aquellos jóvenes que se resisten a conocer o a acercarse Dios porque es “aburrido”, los que tienen una y mil excusas para alejarse de Él, a darle una oportunidad con Misioneros de Guadalupe. Estoy segura de que encontrarán aquello que les hace falta y que el mundo no puede darles. Como dice el Papa Francisco: “Yo tengo confianza en ustedes, jóvenes y pido por ustedes. Atrévanse a ‘ir contracorriente’” (Jornada Mundial de la Juventud 2015).