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Campamento 2020

P. Ángel Javier Tosca Cerino, MG

“Fueron, vieron dónde vivía
y se quedaron con Él aquel día”
(Jn 1, 39)

Hace algunos años llegó a mis oídos y a mi corazón una frase pronunciada por el Papa (hoy santo) Juan Pablo II, dirigida a los jóvenes de todo el mundo: “Joven, no tengas miedo”, y con la cual el Santo Padre invitaba a los jóvenes a lanzarse y vivir con alegría, a ser cristianos que irradiaran luz a donde quiera que fuesen. Por su parte, el Papa Francisco invita a los jóvenes a que “hagan lío en las parroquias”; es decir, a que, con su dinamismo, alegría, creatividad y fortaleza, den vida a nuestra Iglesia, una Iglesia en salida, que no esté encerrada en los salones parroquiales, sino más bien que salga al encuentro de los más desprotegidos y necesitados. Las dos son frases que han motivado mi sacerdocio misionero y me animan a seguir acompañando con alegría a los jóvenes con los que tengo la oportunidad de coincidir en mi día a día.

A este llamado de san Juan Pablo II y de Su Santidad Francisco, los Misioneros de Guadalupe hemos querido responder con la creación del Club Misionero, en la ciudad de Guadalajara, Jal. Se trata de un espacio de convivencia, reflexión, alegría, apoyo y ayuda, y está formado por jóvenes de diversas parroquias de la arquidiócesis. Son chicos y chicas de entre 15 y 25 años de edad, con muchas ganas de encontrase consigo mismos, con los demás y con Dios. Ellos se reúnen cada 15 días en nuestro Seminario Menor para recibir formación cristiana y humana, realizar convivencias y paseos, así como llevar a cabo apostolado en las calles o donde haya una necesidad.

¡Qué felicidad verlos crecer, pues su energía y sus alegría contagian! Desde hace ya varios años el Club Misionero ha organizado “campamentos” en los que se propicia un lugar seguro y de convivencia que lleva a los chicos a tener una experiencia fuerte de encuentro con ellos mismos, con los demás y con Dios; son días muy agradables en donde, a través de diversas actividades, como retos, temas, juegos, oración, comida y fogata, se estrechan lazos de hermandad, amistad y trabajo en equipo. Es todo un reto organizar esos momentos, pero nos queda la satisfacción de que estamos sembrando en el corazón de los jóvenes los valores del Reino, el encuentro con Dios, dador de vida, y la plenitud que los lleva a poner los dones recibidos al servicio de los demás.

En el campamento de enero de este año sucedió una experiencia que me resultó extraordinaria, pues en uno de los momentos de oración y reflexión un joven se acercó a mí para pedir el Sacramento de la Confesión. Le dije que con mucho gusto estaba dispuesto a escucharlo, y nos sentamos debajo de un árbol, cobijados por la sombra que nos regalaba. El joven, con los ojos llorosos, me dijo: “Padre, yo no me confieso desde que hice mi Primera Comunión, y hoy siento el deseo de poner en paz mi corazón, de hacer las cosas de manera diferente”. Fue una confesión muy sincera, plena. Ver el rostro del joven, lleno de paz y alegría al salir de la Confesión, me dejó alegre y me dije: “Por estos momentos mi sacerdocio se fortalece y valen la pena los desvelos y esfuerzos en preparar los campamentos”.

La Misa de clausura del campamento fue una fiesta, con jóvenes renovados, llenos de alegría, fe y esperanza. La tarea encomendada no es fácil, pero con la ayuda de Dios y el encuentro más vivo y cercano con el Dios de la vida, estoy seguro de que seguirán adelante en su fe.

Estimados jóvenes, ¡no tengan miedo de seguir al Señor, de responder con generosidad a su llamado! Si estas líneas han llegado hasta sus ojos no es por casualidad, Dios las tenía preparadas para ustedes. Escuchen su llamado y respóndanle con generosidad y alegría. ¡No tengan miedo!

Querida Madrina, querido Padrino, gracias por sus oraciones: nos fortalecen en nuestra vida sacerdotal misionera. Gracias porque con su apoyo económico hacen posible que el Evangelio llegue a tantos jóvenes que son bombardeados por un mundo de violencia y falsa felicidad. ¡Muchas gracias!