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El padre Basilio Sánchez García, MG, celebra XXV aniversario sacerdotal

Este miércoles 2 de septiembre, en la capilla de nuestro Seminario Mayor, se celebró una Eucaristía con motivo de los 25 años de ministerio sacerdotal del P. Basilio Sánchez García, misionero de Guadalupe en Perú, presidida por él mismo y concelebrada por los padres Eugenio Zacarías Romo Romo, MG, Vicario General; José Guadalupe Camarillo Martínez, MG, rector del seminario, y José Luis Torres Ibarra, MG, entre otros sacerdotes participantes.

En su homilía, el P. Basilio Sánchez habló sobre las dificultades de salud que tuvo durante su proceso de formación al sacerdocio y, después, en su ministerio, haciendo hincapié en que el Instituto, su familia misionera, nunca lo abandonó, y que Dios siempre se le manifestó con actitud de perdón, acercamiento, sanación y salvación, asegurando que la clave para seguir adelante está en poner la vida y vocación siempre en las manos de Dios:

“La palabra de Dios siempre tiene algo que decirnos para orientar nuestra vocación. Dios nos provee con el alimento adecuado para seguir nuestro caminar misionero y hoy nos invita a tener el mismo fin, cada uno, a través de sus diversos carismas. Por eso debemos prepararnos, para anunciar al mismo Cristo sanador y misericordioso… Hermanos misioneros, muchachos que están preparándose para unírsenos en el camino de la evangelización, recuerden encaminarse en esta misma misericordia y hacerse cercanos a las personas. Recuerden desarrollar esa sensibilidad y humanidad para estar al servicio de los demás.”

El P. José G. Camarillo felicitó al padre Basilio a nombre de todos los seminaristas, quienes le agradecieron con un presente por su servicio como director espiritual y, por su parte, el P. Eugenio Romo le entregó un reconocimiento, destacando la peculiaridad con que ha vivido su sacerdocio, manifestando que, con su forma tan expresiva de hablar acerca de Dios, toca el corazón de mucha gente.

Al finalizar la misa, el P. Basilio Sánchez dio gracias a Dios por todos quienes le han acompañado en su camino: su familia, sus compañeros sacerdotes y, especialmente, a los jóvenes seminaristas, asegurando que con su entrega y oración han revitalizado su vocación.