Sínodo Amazonia

Mensaje de Mons. Dominic Kimengich en el Día del Padrino MG 2019

Transcripción del mensaje de Mons. Dominic Kimengich, obispo de Turkana, diócesis de Lodwar en Kenia, pronunciada el domingo 6 de octubre 2019 en el Seminario Mayor MG, Ciudad de México, durante la Eucaristía del Día del Padrino y en el marco del 70 aniversario del Instituto de Santa María de Guadalupe para las Misiones Extranjeras:

“Buenas tardes, hoy vengo en representación de todas las personas que han sido beneficiadas por la generosidad de la Iglesia mexicana y de los Misioneros de Guadalupe.

Especialmente quiero agradecer a la Conferencia de los Obispos de México, representados aquí por su presidente, por la visión que ellos tuvieron de enviar (a los Misioneros de Guadalupe) a predicar el Evangelio a todo el mundo. Como ven, ésta visión ha producido muchos frutos.

Quiero comparar la Iglesia en México con dos lagos del pueblo de Israel, el Lago de Galilea y el del Mar Muerto, los dos reciben agua del río Jordán. El Lago de Galilea recibe el agua y la deja salir, por eso es un lago con agua fresca, llena de vida y llena de peces. El Mar Muerto recibe la misma agua, pero no deja que corra el agua y por eso está muerto. La Iglesia de México es como el Lago de Galilea, porque ustedes reciben la Fe y la comparten.

Conocí a los Misioneros de Guadalupe hace 33 años y estoy feliz porque el primer misionero que conocí, el padre Juan Reyes, está aquí con nosotros y también porque contamos con la presencia del obispo Roberto (Domínguez Couttolenc, mg), a ellos los conocí hace 33 años, cuando recién me ordené sacerdote.

Nueve años después, fui nombrado obispo de Turkana en la diócesis de Lodwar, donde me volví a encontrar con los Misioneros de Guadalupe y desde entonces trabajamos juntos.

Quiero agradecer a los Misioneros de Guadalupe, por su servicio y porque están dispuestos a entregarlo todo por Cristo. Ellos trabajan en áreas en las cuales hay muchos retos, ellos trabajan en comunidades donde hay conflicto, en lugares con mucha pobreza, pero siempre están dispuestos a proclamar la Buena Nueva. Muchas gracias por eso.

También quiero agradecer al pueblo de Dios de México, por apoyar a sus misioneros. Sabemos que el trabajo misionero no sólo es de aquellos que van a lugares lejanos, sino, también de todos aquellos que apoyan para que los misioneros tengan los recursos para anunciar el Evangelio, porque antes de predicar la Palabra de Dios también hay que dar de comer a quienes están hambrientos, dar agua a los que están sedientos y vestir a los desnudos.

Muchísimas gracias por apoyar a sus misioneros para que puedan ser misioneros con mucha visión y gracias a todos aquellos que rezan por la Misión, su oración también los hace misioneros. Que Dios bendiga su generosidad.