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Hogar de Nuestra Señora de la Consolación para Niños Incurables, un lugar de acogida y Misión.

“De la hostia de Jesús a los pobres de Jesús”, más que un lema, es el estilo de misión que caracteriza a la comunidad colombiana de religiosas que atiende, desde hace 16 años, la Casa Hogar de Nuestra Señora de la Consolación para niños que son abandonados y presentan alguna discapacidad, en Tlalpan, Ciudad de México.

Las Siervas del Santísimo y de la Caridad, piensan que ser misionero es vivir eucarísticamente, es decir, expresando la fe no sólo asistiendo a misa y orando, sino, también, a través de obras de caridad y del servicio hacia los demás, especialmente a los más vulnerables, como nos enseñó Cristo.

Los jóvenes llegan, por medio de la institución pública para el Desarrollo Integral de la Familia (DIF), al Hogar de Nuestra Señora de la Consolación para Niños Incurables. Hay familias que acuden a solicitar el servicio para sus hijos, pero se le da refugio sólo a aquellos que están muy limitados y que no cuentan con el soporte familiar necesario. Al respecto, la Hna. Luz Dary Castrillón Giraldo destaca lo siguiente:

“Los niños que llegan aquí prácticamente son abandonados y, en algunos casos, han estado en situación de calle y por lo mismo hemos tenido la dificultad de que quieren salir, porque tienen el hábito de estar deambulando solos y es un sufrimiento muy grande cuando se nos llega a escapar alguno, pero gracias a Dios siempre logramos encontrarlos y traerlos de vuelta. Entonces, lo que el DIF o la procuraduría buscan es un espacio donde se les pueda acoger con responsabilidad.”

Para las religiosas colombianas ha sido una experiencia grata realizar este servicio, a pesar de las dificultades, las cuales afrontan desde la fe y con una entrega que les ha hecho descubrir la presencia de Nuestro Señor en cada uno de estos jóvenes.

“Lo que más nos fortalece es el amor”, exclama con alegría la hermana Luz Dary, pues afirma que la recompensa que da Dios a cambio de la solidaridad con los más frágiles es el amor y el amor hace bien a todos.

Los Misioneros de Guadalupe damos gracias al Señor por dejarnos acompañar este proyecto desde sus inicios y por permitirnos compartir esta experiencia de Misión en nuestra propia tierra, porque para ser misionero no hace falta salir lejos o al extranjero, basta estar allí con los más necesitados.

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