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Testimonios de Madrinas y Padrinos

2020

Luz María
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Les escribo con profundo pesar para informarles la lamentable pérdida de mi querida mamá, Josefina L. C., Madrina de ustedes desde hace muchas décadas, ocurrida el 28 de diciembre de 2019. Ella nació el 3 de mayo de 1920 en Cuidad Guzmán, Jal., y desde niña tenía gran veneración por la Virgen María. Siendo adolescente inició la costumbre de rezar el santo Rosario todos los días, y siguió haciéndolo toda su vida. Además, diario escuchaba Radio María y asistía a Misa, hasta que ya no pudo caminar. Tuvo siete hijos, siendo yo la tercera, que además estuvo con ella, cuidándola, hasta el día que falleció. Fue una madre muy buena. Tenía mucha fe en Jesús y nos enseñó a amar a Dios. Nunca se dejó vencer por las enfermedades, a pesar de que sus últimos cuatro meses estuvo con oxígeno; en ese tiempo también tuvo su rosario en las manos y un crucifijo chiquito, por lo que murió en santa paz. Yo quiero seguir su ejemplo como Madrina de los Misioneros de Guadalupe, por amor a Dios y a la Virgen. ¡Descanse en paz, madre, y pida por todos sus hijos y nietos! Con su ejemplo, su hija seguirá apoyando a las Misiones. ¡Que Dios los bendiga! 
María Guadalupe Salazar Correa
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Agradezco el espacio para dar testimonio de la vida ejemplar de sus Padrinos Alejandro y Margarita, los únicos hermanos de mi papá, Jesús, también hombre justo, virtuoso, noble y ejemplar, que en paz descanse. Mis tíos nacieron en Tepetongo, Zac., en el seno de una familia cristiana, miembros de la Acción Católica. Después mudaron a Chihuahua y vivieron de manera sencilla, ambos en castidad. Como solteros, a mis hermanos y a mí nos trataron como si fuésemos sus propios hijos. La visita dominical era tradición y nos transmitían amorosamente la firmeza de la fe con sus anécdotas de vida en tiempo de la persecución religiosa. Vivieron siempre juntos, apoyándose amablemente uno al otro, comportándose conforme a los mandamientos, compartiendo con el prójimo el pan de cada día, comulgando y rezando a diario el santo Rosario. Margarita no padecía ninguna enfermedad, pero murió repentinamente en febrero de 2018. Al día siguiente, Alejandro, sin conocer lo ocurrido con su hermana, ya no se levantó, sólo abría los ojos y dormía por momentos, hasta que finalmente también falleció. Aún me parece ver sobre la mesa de la cocina varios ejemplares de la revista Almas, mismos que dejaban a la vista para que pudiéramos tomar alguno y conversar sobre la vida de los misioneros y su importante labor, así como orar por ustedes. Mi hermana Betty y yo tomamos la estafeta para dar continuidad al apoyo que les daban mis tíos y somos sus Madrinas. Les pedimos sus oraciones por toda la familia. 
Pedro F. V.
 Gloriosos Misioneros de Guadalupe: Mi esposa fue la señora Martha E. Z. C., quien fue llevada a la presencia del Señor el 6 de agosto de 2018. Ese día es muy especial en Saltillo, ya que se conmemora el día del Santo Cristo de la Capilla. Por ese motivo, estoy convencido de que mi esposa debe estar muy contenta de haber sido llamada por nuestro Padre en una fecha tan significativa para nuestra fe. Mi esposa fue una gran mujer; además de mi compañera de vida, fue una excelente madre, abuela y bisabuela. Me siento muy orgulloso de haber compartido a su lado 58 años de feliz matrimonio y haber procreado seis hermosos hijos, de quienes recibimos 18 nietos y nueve bisnietos. Durante muchos años, diariamente, a las 2:30 de la tarde, ella rezaba y le pedía a Dios por nuestra familia, por personas que conocía, por los enfermos y por ustedes, queridos misioneros. A lo largo de 10 años, además, colaboró con ustedes como su Madrina. Es una labor y un legado que yo continúo, según fue su voluntad, y espero seguir haciéndolo, con mucha alegría, hasta que Dios vuelva a unirme con ella. 
Ma. del Rosario A.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Me es grato compartir con ustedes esta vivencia. Mi nombre es María Dolores y recuerdo que hace alrededor de 16 años (cuando yo tenía 15 de edad) mis padres otorgaban una cooperación mensual para las misiones y recibían en casa la revista Almas. Yo la abría con gran curiosidad y, llena de asombro, la hojeaba, leía los artículos y observaba las fotografías y la sección infantil. En especial me gustaba todo aquello que se relacionaba con África. Después tomaba un papel y lápiz, y hacía trazos de los rostros que me gustaban; luego les daba color. Para mí era un buen pasatiempo. Creo que cuando se piensa en África en muchas ocasiones parece que se piensa en un solo país, siendo que como continente es muy grande, aunque también es cierto que entre las diferentes naciones se comparten algunos rasgos culturales que hacen ver al continente como unidad. Mi filia por África se reforzó, en gran medida, porque a través de ustedes yo vivía esa cultura, me embelesaba y quería saber más de ella. Ahora, gracias a Dios, he tenido la oportunidad de viajar para realizar una estancia de investigación sobre la importancia de los ritmos en la pedagogía musical. Mi lugar de destino ha sido Zimbabue, gracias al apoyo de la Universidad Jesuita Arrupe, y su Centro de Estudios Africanos.Por ello quería compartir con ustedes mi alegría y mi satisfacción. Aunque sé que ustedes no tienen misiones en ese país, siento que de alguna forma ha sido como estar cerca de las labores que ustedes realizan y eso me ha dado mucha concordia y paz. 
Salvador, Ignacio, Ana, Salvador, Carmen, José María, Guadalupe y David
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Queremos compartir un breve testimonio acerca de María del Carmen C. L., mamá y esposa, nacida el 3 de octubre de 1949 y llamada a la Casa de nuestro Padre el 17 de enero de 2010. Quienes la recordamos con mucho cariño la seguimos llamando "Mita". En ella, desde que conoció la revista Almas, surgió un gran interés por ayudar en la tarea de evangelización. Todos los que tuvieron la fortuna de conocerla saben que tenía un gran amor por las misiones y tuvo como ahijados a dos sacerdotes. Muchos también la recuerdan por el gran carisma que tenía y por el amor que daba a las personas. Así mismo, es memorable la rica comida que preparaba, pero sobre todo porque cuando las personas llegaban a su casa nunca les faltaba un plato con algo para llevarse a la boca, puesto que ella, con mucho cariño, convidaba lo que tenía con los demás. A todos sus hijos les inculcó un amor muy puro y honesto hacia la Virgen de Guadalupe. Ella tenía un gran dicho que era: "El tiempo perdido los santos lo lloran, así que a trabajar". Ahora, ya a diez años de su partida y en la presencia de Dios, su esposo y sus hijos continuamos con la labor de apoyar a Misioneros de Guadalupe, y agradecemos al Señor por la gran persona que nos dio en ella. 
Yolanda R. E.
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Quiero compartir con ustedes algunos aspectos de la vida de mi esposo, el señor Manuel H. S., quien nació el 27 de enero de 1918, en Cholula, Pue., y falleció el 12 de febrero de 2015, luego de radicar durante muchos años en la ciudad de Puebla. Su partida nos dejó un gran vacío, pero le doy gracias a Dios por los años que me permitió compartir con él. Aprendí muchas cosas, siempre estando juntos como lo que éramos y seguiremos siendo: una pareja para toda la eternidad. Mi esposo siempre estuvo muy unido a la comunidad católica y colaboraba con ustedes como Padrino. También era muy activo en la comunidad parroquial de Sagrado Corazón de Jesús. Cuando estuvo a cargo de la parroquia el padre Miguel Álvarez, se le concedió a mi esposo la responsabilidad de desempeñarse como presidente de Cáritas en esa parroquia. Años después, en 1993, Mons. Rosendo Huesca Pacheco, Arzobispo de Puebla de los Ángeles, trasladó a mi esposo a la Parroquia del señor san José, donde lo nombró secretario de Cáritas. Ahí colaboró hasta el año 2004, en el que, por cuestiones de salud, presentó su renuncia y agradeció mucho al arzobispo por su confianza. Se separó del cargo con mucha tristeza, pero a la vez con alegría en su corazón y con mucha satisfacción por haber puesto su granito de arena para la familia católica y, principalmente, para Dios. Después de su deceso, he seguido con la misión inculcada por mi amado esposo y seguiré colaborando con ustedes hasta que Dios me lo permita. ¡Muchas gracias, Misioneros de Guadalupe! 
Guadalupe M.
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Mi nombre es Guadalupe M. y tengo dos hijos varones. Cuando ellos eran chicos una amiga mía, que también tenía hijos varones, me preguntó si me gustaría que Dios escogiera a alguno de mis hijos para él. Le respondí que no pretendía tanto. Así, pasaron los años y un día pensé que en mi familia no habría ningún sacerdote. Cuando mi hija iba a tener un bebé, le dije al Señor: “Si tú me das un nieto sacerdote, me dará mucho gusto”. Ahora tengo tres nietos, pero a ninguno lo ha escogido Dios para su servicio. Sin embargo, descubrí que tengo un ahijado que sí es sacerdote y me dio mucho gusto. Su nombre es P. Carlos Domingo May Correa, y es Misionero de Guadalupe. El P. Carlos es muy buen sacerdote y nos hace ver la grandeza de Dios cuando nos comparte sus anécdotas y vivencias, incluso cuando cuenta chistes, porque procura que sus homilías, además de completas, sean también muy amenas para que entendamos bien la Palabra de Dios, a quien amamos, en quien confiamos y con quien esperamos algún día vivir eternamente en su casa. Me da mucho gusto que el padre Carlos ha podido viajar a muchos países lejanos para llevar la Palabra de Dios. Tanto él como los demás Misioneros de Guadalupe cuentan con mis oraciones para que tengan una vida larga y sigan llevando la Buena Nueva a donde los manden. Con mucho cariño. 
Juana V. G. L.
 Ahijados Misioneros de Guadalupe: Cuando era estudiante me integré a un grupo juvenil parroquial y ahí supe de Misioneros de Guadalupe; me inscribí como Madrina el 2 de octubre de 1982. En 1985 se nos asignó ser sede de un congreso internacional misionero, al cual asistió el P. Marco Antonio Martínez Franco, mg, acompañado de un grupo de seis seminaristas, entre los que se hallaba un muchacho de rizos, siempre amable y risueño, que mis compañeras y yo habíamos visto algunas veces en la catedral. ¡Hasta ese momento supimos que era seminarista! Fue el primer ahijado que conocí, el ahora P. Raúl Ibarra Hernández, mg. También en los años 80 tuve la oportunidad de asistir a una ordenación sacerdotal en el Seminario Mayor. He asistido al Día del Padrino en 2008 y 2009, y he participado en dos animaciones misioneras que han realizado en Ciudad Victoria, en 2016 y 2018. Así mismo, Dios me ha permitido conocer a varios mg, entre los que recuerdo a los padres Rodolfo Loza Hernández, Víctor Manuel Zavala Contreras, Alejandro Gollaz Mares, y el obispo Óscar Roberto Domínguez Couttolenc. Estoy muy contenta de agradecer todas estas experiencias a mis casi 38 años de Madrina. A diario ofrezco mi alegría, mis sacrificios y tristezas por cada uno de los misioneros, para que en cada país en donde empiezan una misión se les facilite el aprendizaje del idioma y la cultura, para llevar el mensaje de Salvación. 
Ma. del Rosario A.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Les escribo con profundo pesar para informarles la lamentable pérdida de mi querido papá, Juan A. A., Padrino de ustedes desde hace muchas décadas, ocurrida el 31 de julio del año pasado. Él nació el 6 de septiembre de 1930 en Angangueo, Mich., y desde niño tenía gran veneración por la Virgen. Siendo adolescente inició la costumbre de rezar el Santo Rosario todos los días y siguió haciéndolo toda su vida. Tenía mucha fe en nuestro Padre. En su juventud perteneció a la Acción Católica y a la Adoración Nocturna. Asistía diario a Misa, apoyaba a seminaristas y presentaba obras de teatro con gente del pueblo para acciones benéficas de la Iglesia. En sus ratos libres pintaba al óleo imágenes de Dios, la Virgen de Guadalupe, san José, etc. Nunca se dejó vencer ante las dificultades y pruebas que tuvo en su vida, pues la devoción a Dios y a la Virgen siempre lo sostuvo. Le doy gracias al Señor por la dicha de tener un padre como él. Con su ejemplo, sus ocho hijos seguiremos apoyando a la Misiones. ¡Que Dios los bendiga! 

2019

Familia V. E.
 Queridos ahijados: Soy el menor de ocho hermanos y quiero compartirles, con mucho orgullo y amor, unas palabras acerca de quiénes fueron mis padres, el señor Jesús V. y la señora Estela E., quienes nos enseñaron la fe y el amor a Cristo y a la santísima Virgen. Mis papás fueron personas muy queridas y respetadas en nuestro pueblo, gracias al carisma que tenían, a su sencillez y, sobre todo, al respeto que mostraban hacia los demás y la ayuda que brindaban al prójimo. ¡Le doy gracias a Dios porque fueron mis padres! Dios, nuestro Señor, los tenga gozando de la paz eterna junto a mis hermanos ya difuntos, quienes también eran Padrinos y Madrinas de ustedes. A ustedes les doy las gracias por darnos este espacio para compartir nuestro sentir y agradezco también a los promotores que se encargan de entregarnos la revista Almas. ¡Que Dios los bendiga! Reciban un fuerte abrazo y un saludo. 
Familia P. G.
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Les escribo estas palabras para comunicarles que la señora Josefina G. G. dejó de existir a la edad de 96 años. Murió con la bendición de Dios, ya que falleció cantándole a Jesús. Ella todos los días rezaba por su familia: hijos, nietos, bisnietos y tataranietos. Era Madrina de ustedes desde hace mucho tiempo y nos inculcó a sus nueve hijos que cooperáramos con las Misiones y fuéramos también bienhechores del Instituto. Ella siempre fue muy buena madre y esperamos que Dios la tenga en su santa gloria. Sentimos mucho su partida, pero sabemos que desde el Cielo siempre seguirá bendiciendo a su familia y a sus ahijados. Dios bendiga a todos los misioneros del mundo, para que continúen evangelizando. ¡El Señor los proteja y los cuide de todo mal! 
José E.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Mi nombre es Juan E. y quiero compartirles una pequeña experiencia de vida que involucra a la revista Almas. Desde que era niño, tanto mi mamá como mi abuela me inculcaron la fe católica, la certeza en la benevolencia de Dios Padre y la confianza en que Jesús siempre está con nosotros. Me acuerdo que solía asistir a Misa a dos templos: la iglesia de la Medalla Milagrosa (con mi madre) y la del Señor de los Prodigios (con mi abuela), y recuerdo con particular felicidad los recorridos desde casa hasta el templo, mientras me contaban historias de la Biblia. Hace poco más de 20 años mi madre comenzó a padecer serios problemas de salud, los cuales le costaron más de cuatro cirugías y varias estancias en hospitales. Esos problemas se agudizaron a partir del año 2011, hasta que finalmente Dios la llamó a su lado en 2016. Los últimos años de su vida fueron los que más padeció físicamente. Sin embargo, gracias a la compañía de familiares y amigos, así como su fe en Cristo, siempre conservó buen humor y esperanza. Así mismo, un conocido empezó a regalarle la revista Almas, y esta se convirtió en una de sus lecturas predilectas. Mes con mes comenzó a recibir la revista y a dedicar buena parte de sus días a leer los artículos donde ustedes narran sus experiencias en la evangelización. Creo que no me equivoco al decir que esas historias tuvieron mucho que ver en que mi mamá conservara su mejor ánimo hasta el final de sus días. Es por ello que les estoy agradecido y espero, de alguna u otra manera, seguir apoyando en llevar a la gente la esperanza del mensaje de Cristo. 
Anónimo
 Estimados Misioneros de Guadalupe:
Le compartimos el testimonio de vida de la señora Paulina H., conocida como Paulita.

Ella ha recibido la revista Almas desde el día que realizaron su primera promoción en la población donde vive. Paulita recibe apoyo económico y lo primero que guarda es la cooperación para ustedes, sus ahijados Misioneros de Guadalupe. Siempre comenta que lo hace con mucho gusto.

También nos ha dicho lo siguiente: “Todavía puedo leer la revista y sin lentes, y a la gente que viene de vez en cuando a visitarme les platico las anécdotas de los Padres misioneros que están en su Misión”. Así mismo, declara: “De salud estoy muy bien, sólo me duele una rodilla. Tuve ocho hijos y dos se me murieron; unos viven en San Quintín y los otros no me acuerdo. Sólo sé que una de mis hijas vive en San Pedro Apulco. Otra de mis hijas le manda a una vecina dinero para que me traiga de comer todos los días. Cada cumpleaños estoy muy contenta porque ese día vienen a visitarme todos mis hijos”.

Finalmente, deja un mensaje para los lectores más jóvenes de la revista Almas: “Lo que les quiero decir a todos los jóvenes es que no se sientan solos, porque siempre la Virgen de Guadalupe nos cuida; ella es una madre que nunca nos abandona y que le puede pedir a su hijo, que es Cristo, que todo aquello que le pidamos nos lo conceda”.

Paulita nació el 22 de junio de 1915, hace unos meses cumplió 104 años y espera seguir siendo su Madrina varios años más. 
Bertha A. M.
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Mi madre, la señora Juana M. M., fue una persona muy católica y entregada a Dios. Perteneció a la orden franciscana por 23 años y fue muy querida por todos sus Hermanos (al igual por toda su familia), ya que era muy alegre y sociable. Le gustaba prepararse para realizar diferentes actividades en la parroquia asignada por el sacerdote y formó parte del grupo de catequesis en la Parroquia de san Cayetano. Por ningún motivo dejaba de asistir a Misa diariamente, sobre todo el domingo. Nos inculcó mucho la importancia que tienen todos los sacramentos, al igual que siempre estuvo al pendiente de que los recibiéramos. Así mismo, fue Madrina de ustedes y nos inculcó el amor por las Misiones. Sin embargo, todo en nuestras vidas cambió el 27 de julio de 2018, cuando Dios la llamó a su lado, dejándonos un profundo dolor y gran tristeza por ya no tenerla con nosotros. Sé que cuento siempre con sus oraciones para que ella reciba eterno descanso. Se los agradezco de todo corazón, y gracias también por los mensajes de condolencias. Reciban un cordial saludo. ¡Que Dios los bendiga siempre! 
Ana María F. y Víctor H.
 Misioneros de Guadalupe: Les envío un cordial saludo. Mi nombre es Ana María. Tengo 73 años y mi esposo tiene 78. He leído su revista Almas desde que tenía 10 años, porque una tía trabajaba en casa de una familia que apoyaba a los Misioneros de Guadalupe. Esa familia, además, sabía que la mía era muy pobre, por lo que se ofrecieron a pagarme la escuela, darme alimento y todo lo necesario. Gracias a esa ellos conocí Almas. Recuerdo una frase que salía en las últimas páginas: "No eche esto en saco roto", con la imagen de un hombre cargando un costal; yo no entendía, pero hoy me doy cuenta de que esa frase fue muy importante para mí. A mi esposo y a mí Dios nos regaló 12 hijos, aunque llamó al primero a su presencia antes de nacer. Mi esposo antes no iba a Misa, pero hoy es un hombre convertido, se confiesa, comulga y apoya a las Misiones. Hace como 14 años nos invitaron a un campo Misión y fuimos a Sierra Gorda, en Querétaro, y a Hidalgo. Además, gracias a los testimonios de todos los sacerdotes que van a Misiones, nosotros nos animamos a hacer Misión en nuestra parroquia: yo doy catequesis a niños y adolescentes, mientras que mi esposo pertenece a grupos de Alcohólicos Anónimos y desde ahí hace Misión con las personas que sufren alcoholismo. Soy una creyente convencida. No seguí mis estudios, pero lo poco que recibí lo pongo en práctica leyendo la Sagrada Escritura y todo lo que sea para mejorar mi vida y la de mi familia. Seguiremos apoyando y orando por ustedes; que Dios los bendiga. 
Mercedes P. P.
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Por medio de la presente quisiera compartir con otros Padrinos y Madrinas un breve testimonio acerca de mi esposo, en la “Página del lector” de la revista Almas. El nombre de mi esposo era Gustavo L. H. Él nació el 15 de enero de 1926. Provenía de una familia humilde, pues su padre le faltó desde temprana edad, y su madre tuvo que trabajar para sostener a tres hijos. Nosotros nos casamos y formamos una familia de tres hijos, que nos han dado siete nietos y dos bisnietos. Fue un gran esposo y un hombre de esos que dejan huella. Era devoto de la Santísima Virgen de Guadalupe, asistía a Misa con asiduidad y me acompañaba a rezar el Rosario. Así mismo, cuando ya vivíamos juntos, lo invitaron a ser Padrino de los Misioneros de Guadalupe y decidió apoyarlos mes con mes económicamente, además de que en nuestras oraciones siempre pedíamos por las Misiones. Colaboró durante muchos años con ustedes, aportando su granito de arena para que pudieran llevar el Evangelio a aquellos pueblos que no conocen la Palabra de Dios. Mi esposo partió a la Casa del Señor el 24 de enero de 2018, dejándonos un gran legado, pues seguimos apoyando con gusto a las Misiones. Les agradezco, ahijados, la oración que sé que han hecho por el eterno descanso del alma de mi esposo. 
Aurora M.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Mi madre, la señora María M. M., partió a la presencia del Señor el 15 de mayo de 2011. Ella era Madrina de ustedes y su última voluntad fue que su familia no dejara de ayudar a los Misioneros de Guadalupe. Mi mamá fue una mujer de fe. Durante diez años sirvió a la Iglesia y a los necesitados. Entre sus actividades, visitaba a los enfermos, pertenecía a la legión de María y llevaba la presencia de la Virgen a los hogares, donde enseñaba a rezar el Rosario. Vivía en Xalapa, Ver., donde llueve mucho. Sin embargo, incluso estando enferma de una pierna, cumplía con su Misión aunque tuviera que caminar bajo la lluvia, y lo hacía con mucho gusto y amor a Dios. Así mismo, en Semana Santa se quedaba todo el día en la puerta del templo regalando estampitas que ella misma elaboraba; se llevaba su comida y ahí pasaba horas y horas, incluso cuando hacía frío y llovía. Ella fue madre soltera y pudo sacarme adelante. También cuidó a sus padres durante diez o doce años que pasaron en cama. Hubo un momento en que incluso se fracturó la pierna sana y siguió adelante. Nunca se quejaba de nada y todo lo ofrendaba a Dios, a pesar de tantas cosas dolorosas que vivió, las cuales a su vez se tornaban hermosas por la manera en que ella las enfrentaba. Estoy muy orgullosa de haber tenido una madre así. Sé que nuestro Padre la tiene en un lugar muy especial y mientras Dios me preste vida seguiré cumpliendo su última voluntad, para que ella los siga apadrinando desde el Cielo. 
Olga R. C.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Con mucha tristeza les comunico el fallecimiento de su Padrino, el señor Alfredo C. M., nacido el 20 de febrero de 1945 en Tampico, Tamps. Dios nos dio la bendición de tenerlo como esposo y padre, abuelo y bisabuelo. Fue un buen hombre que siempre vio por su familia y recibía la Comunión cada domingo. Partió a la casa de nuestro Padre el 17 de octubre de 2018, y ahora goza de la presencia de Dios. Sus hijos, sus nietos, su bisnieta y su esposa lo recordamos con mucho amor, hacemos oración por él y rogamos al Señor que ilumine su camino. 
Anónimo
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Escribo estas líneas con cariño y respeto para la maestra Cristi H. P., que fue llamada al Reino de Dios el 26 de julio de 2017. Ella nació en Zacualtipán, Hgo., el 24 de julio de 1934. Sus padres fueron el señor Salvador H. M. y la señora Aurelia P. H. Cristi fue maestra en escuelas primarias, donde ejerció su profesión con amor y responsabilidad. Su familia y amigos la recordamos siempre. Permanece en el corazón de cada persona que tuvo la fortuna de compartir con ella la vida, pues fue una mujer solidaria, generosa, humilde, un ángel para todos. Ahora que descansa en los brazos del Señor nosotros conservamos la alegría de volverla a ver. 
Lauro N. A.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Quiero compartir con ustedes y otros lectores de Almas mi experiencia de fe. Desde chico siempre viví la fe en familia y en actividades de la parroquia, además de la constante visita en casa de religiosas, misioneros, sacerdotes y obispos. Mi padre me contaba que fue monaguillo y seminarista. También me platicó que mi abuela, María M. A., participó como correo en el tiempo de los cristeros, y mi madre, señalando una mecedora, me decía: “En ella, todos los días tu abuela María rezaba el Rosario por cada uno de sus nietos”. Años más tarde descubrí que mi tía Lidia N. M. había sido por muchos años Madrina de ustedes, y gracias a ella hemos tenido contacto por más de 30 años y he recibido feliz la revista Almas. Cuando era joven tuve la oportunidad de participar como estudiante de intercambio en Estados Unidos. Mis padres fueron a despedirme al aeropuerto y años después mi madre me platicó que estaba asustada y nerviosa ya que yo no sabía inglés, pero cuando abordé el avión sintió que la Virgen le dijo: “¿Por qué temes, mujer, yo hablo todos los idiomas”. Ahora siempre que entro a un templo y veo una imagen de la Virgen de Guadalupe recuerdo aquella frase. Sé que es indispensable que transmita a mis hijos el don de la fe, como antes mis padres lo hicieron conmigo. ¡Bendito sea Dios que me ama tanto y que me ha dado la oportunidad de verlo en mi familia y conocidos a lo largo de mi vida! 
Mercedes C. A
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Por este medio les hacemos partícipes de la nostalgia que sentimos en mi familia por la pérdida de la señorita María Guadalupe C., quien era Madrina de ustedes y fue llamada a la Casa del Padre en enero de 2014. María Guadalupe fue una gran hija, hermana y tía, que dejó a todos sus familiares un gran legado: el amor a Dios y a la santísima Virgen María. Ella fue misionera desde su cama, donde estuvo postrada durante 45 años, ya que padecía de muchas enfermedades. Sin embargo, eso no impedía que colaborara económicamente para las Misiones, con el poco dinero que recibía de los sobrinos y amistades que la visitaban. Así mismo, siempre hacía oración por los sacerdotes y religiosas misioneros. Recordando su legado y su enseñanza, quiero felicitarlos, queridos Padres mg, por el noble trabajo que realizan al llevar el Evangelio a otras partes del mundo donde no conocen a Dios. Reciban un caluroso saludo. 
Daniel V. H.
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Les escribo para compartir que mi esposa, Rosario H. M., el 5 de junio de 2017 nos dio una buena y triste noticia. Fue buena porque a las 10:30 p. m. nos dejó para irse a la Casa de nuestro Padre celestial. Pero también fue triste porque nos dejó, a mí y a nuestros hijos, hechos un mar de llanto y deplorando desde entonces su ausencia. Ella estuvo postrada durante dos años y medio. Los domingos recibía la Comunión y dos días antes de fallecer recibió la Extrema Unción. Creía que en casa el único que leía la revista Almas era yo. Sin embargo, cuando fui a arreglar la pequeña papelería donde trabajaba, me di cuenta de que mi esposa se llevaba la revista y la leía en su negocio. Ahí era visitada frecuentemente por Testigos de Jehová y en una ocasión le ofrecieron una revista, por lo que mi señora contestó: “Hagamos un intercambio y yo les doy la revista Almas”; según me comentó, ya nunca se volvieron a parar allí. Ahora mi hijo Byron decidió ser su Padrino a nombre de su mamá. Su dolorido esposo y sus hijos rezamos por su eterno descanso. Les agradezco a ustedes la atención y pido por su trabajo misionero.