Testimonios de madrinas y padrinos

Ana María F. y Víctor H.
 Misioneros de Guadalupe: Les envío un cordial saludo. Mi nombre es Ana María. Tengo 73 años y mi esposo tiene 78. He leído su revista Almas desde que tenía 10 años, porque una tía trabajaba en casa de una familia que apoyaba a los Misioneros de Guadalupe. Esa familia, además, sabía que la mía era muy pobre, por lo que se ofrecieron a pagarme la escuela, darme alimento y todo lo necesario. Gracias a esa ellos conocí Almas. Recuerdo una frase que salía en las últimas páginas: "No eche esto en saco roto", con la imagen de un hombre cargando un costal; yo no entendía, pero hoy me doy cuenta de que esa frase fue muy importante para mí. A mi esposo y a mí Dios nos regaló 12 hijos, aunque llamó al primero a su presencia antes de nacer. Mi esposo antes no iba a Misa, pero hoy es un hombre convertido, se confiesa, comulga y apoya a las Misiones. Hace como 14 años nos invitaron a un campo Misión y fuimos a Sierra Gorda, en Querétaro, y a Hidalgo. Además, gracias a los testimonios de todos los sacerdotes que van a Misiones, nosotros nos animamos a hacer Misión en nuestra parroquia: yo doy catequesis a niños y adolescentes, mientras que mi esposo pertenece a grupos de Alcohólicos Anónimos y desde ahí hace Misión con las personas que sufren alcoholismo. Soy una creyente convencida. No seguí mis estudios, pero lo poco que recibí lo pongo en práctica leyendo la Sagrada Escritura y todo lo que sea para mejorar mi vida y la de mi familia. Seguiremos apoyando y orando por ustedes; que Dios los bendiga. 
Mercedes P. P.
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Por medio de la presente quisiera compartir con otros Padrinos y Madrinas un breve testimonio acerca de mi esposo, en la “Página del lector” de la revista Almas. El nombre de mi esposo era Gustavo L. H. Él nació el 15 de enero de 1926. Provenía de una familia humilde, pues su padre le faltó desde temprana edad, y su madre tuvo que trabajar para sostener a tres hijos. Nosotros nos casamos y formamos una familia de tres hijos, que nos han dado siete nietos y dos bisnietos. Fue un gran esposo y un hombre de esos que dejan huella. Era devoto de la Santísima Virgen de Guadalupe, asistía a Misa con asiduidad y me acompañaba a rezar el Rosario. Así mismo, cuando ya vivíamos juntos, lo invitaron a ser Padrino de los Misioneros de Guadalupe y decidió apoyarlos mes con mes económicamente, además de que en nuestras oraciones siempre pedíamos por las Misiones. Colaboró durante muchos años con ustedes, aportando su granito de arena para que pudieran llevar el Evangelio a aquellos pueblos que no conocen la Palabra de Dios. Mi esposo partió a la Casa del Señor el 24 de enero de 2018, dejándonos un gran legado, pues seguimos apoyando con gusto a las Misiones. Les agradezco, ahijados, la oración que sé que han hecho por el eterno descanso del alma de mi esposo. 
Aurora M.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Mi madre, la señora María M. M., partió a la presencia del Señor el 15 de mayo de 2011. Ella era Madrina de ustedes y su última voluntad fue que su familia no dejara de ayudar a los Misioneros de Guadalupe. Mi mamá fue una mujer de fe. Durante diez años sirvió a la Iglesia y a los necesitados. Entre sus actividades, visitaba a los enfermos, pertenecía a la legión de María y llevaba la presencia de la Virgen a los hogares, donde enseñaba a rezar el Rosario. Vivía en Xalapa, Ver., donde llueve mucho. Sin embargo, incluso estando enferma de una pierna, cumplía con su Misión aunque tuviera que caminar bajo la lluvia, y lo hacía con mucho gusto y amor a Dios. Así mismo, en Semana Santa se quedaba todo el día en la puerta del templo regalando estampitas que ella misma elaboraba; se llevaba su comida y ahí pasaba horas y horas, incluso cuando hacía frío y llovía. Ella fue madre soltera y pudo sacarme adelante. También cuidó a sus padres durante diez o doce años que pasaron en cama. Hubo un momento en que incluso se fracturó la pierna sana y siguió adelante. Nunca se quejaba de nada y todo lo ofrendaba a Dios, a pesar de tantas cosas dolorosas que vivió, las cuales a su vez se tornaban hermosas por la manera en que ella las enfrentaba. Estoy muy orgullosa de haber tenido una madre así. Sé que nuestro Padre la tiene en un lugar muy especial y mientras Dios me preste vida seguiré cumpliendo su última voluntad, para que ella los siga apadrinando desde el Cielo. 
Olga R. C.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Con mucha tristeza les comunico el fallecimiento de su Padrino, el señor Alfredo C. M., nacido el 20 de febrero de 1945 en Tampico, Tamps. Dios nos dio la bendición de tenerlo como esposo y padre, abuelo y bisabuelo. Fue un buen hombre que siempre vio por su familia y recibía la Comunión cada domingo. Partió a la casa de nuestro Padre el 17 de octubre de 2018, y ahora goza de la presencia de Dios. Sus hijos, sus nietos, su bisnieta y su esposa lo recordamos con mucho amor, hacemos oración por él y rogamos al Señor que ilumine su camino. 
Anónimo
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Escribo estas líneas con cariño y respeto para la maestra Cristi H. P., que fue llamada al Reino de Dios el 26 de julio de 2017. Ella nació en Zacualtipán, Hgo., el 24 de julio de 1934. Sus padres fueron el señor Salvador H. M. y la señora Aurelia P. H. Cristi fue maestra en escuelas primarias, donde ejerció su profesión con amor y responsabilidad. Su familia y amigos la recordamos siempre. Permanece en el corazón de cada persona que tuvo la fortuna de compartir con ella la vida, pues fue una mujer solidaria, generosa, humilde, un ángel para todos. Ahora que descansa en los brazos del Señor nosotros conservamos la alegría de volverla a ver. 
Lauro N. A.
 Queridos Misioneros de Guadalupe: Quiero compartir con ustedes y otros lectores de Almas mi experiencia de fe. Desde chico siempre viví la fe en familia y en actividades de la parroquia, además de la constante visita en casa de religiosas, misioneros, sacerdotes y obispos. Mi padre me contaba que fue monaguillo y seminarista. También me platicó que mi abuela, María M. A., participó como correo en el tiempo de los cristeros, y mi madre, señalando una mecedora, me decía: “En ella, todos los días tu abuela María rezaba el Rosario por cada uno de sus nietos”. Años más tarde descubrí que mi tía Lidia N. M. había sido por muchos años Madrina de ustedes, y gracias a ella hemos tenido contacto por más de 30 años y he recibido feliz la revista Almas. Cuando era joven tuve la oportunidad de participar como estudiante de intercambio en Estados Unidos. Mis padres fueron a despedirme al aeropuerto y años después mi madre me platicó que estaba asustada y nerviosa ya que yo no sabía inglés, pero cuando abordé el avión sintió que la Virgen le dijo: “¿Por qué temes, mujer, yo hablo todos los idiomas”. Ahora siempre que entro a un templo y veo una imagen de la Virgen de Guadalupe recuerdo aquella frase. Sé que es indispensable que transmita a mis hijos el don de la fe, como antes mis padres lo hicieron conmigo. ¡Bendito sea Dios que me ama tanto y que me ha dado la oportunidad de verlo en mi familia y conocidos a lo largo de mi vida! 
Mercedes C. A
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Por este medio les hacemos partícipes de la nostalgia que sentimos en mi familia por la pérdida de la señorita María Guadalupe C., quien era Madrina de ustedes y fue llamada a la Casa del Padre en enero de 2014. María Guadalupe fue una gran hija, hermana y tía, que dejó a todos sus familiares un gran legado: el amor a Dios y a la santísima Virgen María. Ella fue misionera desde su cama, donde estuvo postrada durante 45 años, ya que padecía de muchas enfermedades. Sin embargo, eso no impedía que colaborara económicamente para las Misiones, con el poco dinero que recibía de los sobrinos y amistades que la visitaban. Así mismo, siempre hacía oración por los sacerdotes y religiosas misioneros. Recordando su legado y su enseñanza, quiero felicitarlos, queridos Padres mg, por el noble trabajo que realizan al llevar el Evangelio a otras partes del mundo donde no conocen a Dios. Reciban un caluroso saludo. 
Daniel V. H.
 Estimados Misioneros de Guadalupe: Les escribo para compartir que mi esposa, Rosario H. M., el 5 de junio de 2017 nos dio una buena y triste noticia. Fue buena porque a las 10:30 p. m. nos dejó para irse a la Casa de nuestro Padre celestial. Pero también fue triste porque nos dejó, a mí y a nuestros hijos, hechos un mar de llanto y deplorando desde entonces su ausencia. Ella estuvo postrada durante dos años y medio. Los domingos recibía la Comunión y dos días antes de fallecer recibió la Extrema Unción. Creía que en casa el único que leía la revista Almas era yo. Sin embargo, cuando fui a arreglar la pequeña papelería donde trabajaba, me di cuenta de que mi esposa se llevaba la revista y la leía en su negocio. Ahí era visitada frecuentemente por Testigos de Jehová y en una ocasión le ofrecieron una revista, por lo que mi señora contestó: “Hagamos un intercambio y yo les doy la revista Almas”; según me comentó, ya nunca se volvieron a parar allí. Ahora mi hijo Byron decidió ser su Padrino a nombre de su mamá. Su dolorido esposo y sus hijos rezamos por su eterno descanso. Les agradezco a ustedes la atención y pido por su trabajo misionero.